CASA LAPOSTOLLE - VALLE DE APALTA

Casa Lapostolle fue originalmente formada en 1993 por la familia Marnier-Lapostolle de Francia y la familia chilena de José Rabat. Alexandra Marnier es bisnieta de Alexander Marnier, fundador de la prestigiada Casa Marnier, productor del famoso licor y familia productora de vinos de Sancerre. Para 1997 vinificaban un chardonnay magnífico producto de 45 ha rentadas a un productor reconocido y para 1999 ya habían adquirido 40 ha. propias las cuales plantaron con una alta densidad.

El desarrollo de la calidad del Clos Apalta en su primera cosecha de 1997 les da el reconocimiento de las publicaciones especializadas calificándolo con 92 puntos, la cosecha 2000 logra 94 puntos, la calificación más alta otorgada a un vino sudamericano hasta entonces. En Enero del 2006 se inaugura una bodega especial para Clos Apalta, la cual está en 6 niveles y todo el vino se conduce por gravedad, una de las más modernas del mundo.

Esta viña cuenta con la asesoría de uno de los enólogos más prestigiados del mundo, el francés Michel Rolland, secundado por Jacques Begarie, quien posee una gran experiencia en la producción de vinos en Francia, principalmente en Bordeaux.

Actualmente la viña es de propiedad de la familia Marnier Lapostolle y tiene viñedos en Casablanca, Colchagua y Requínoa.

A pesar de tratarse de una bodega nueva, tiene un nombre importante (Marnier) y de tradición. Es una casa que en poco tiempo se ha hecho de una muy buena reputación. Debido a su gran calidad aparecen excelentes comentarios de sus vinos en las revistas especializadas más importantes del ramo. Tiene como filosofía crear vinos de categoría mundial usando la experiencia francesa y el magnífico carácter del terroir chileno.

A comienzos de 2006 Casa Lapostolle inauguró la Bodega Clos Apalta en el valle de Apalta, Colchagua. Como si se pudiera viajar hasta el centro de la tierra. Así es la experiencia de visitar la nueva bodega de Casa Lapostolle. Se trata de una construcción única de seis pisos de profundidad en forma de elipse y que en su fachada tiene 24 vigas de madera de raulí de diferentes alturas representando los meses que toma el proceso de vinificación. Allí se producirá solamente Clos Apalta, el vino ícono de Casa Lapostolle, que desde su primera cosecha en 1997 - con la asesoría del enólogo francés Michel Rolland - ha sido reconocido mundialmente por su extraordinaria calidad.

La construcción de la bodega es obra del los arquitectos Roberto Benavente, Bernd Haller y José Luis González. Fue la empresa constructora GHG la encargada de perforar un cerro en el viñedo de Apalta para edificar en 25 metros de profundidad seis niveles que permitirán por gravedad realizar todo el proceso de producción: recepción, fermentación, barricas de primer año, barricas de segundo año, sala de mezclas, y embotellado.

Será en la Bodega Clos Apalta donde los 120.000 kg. de uvas desgranadas a mano en la sala de recepción de uvas y que provienen de los mejores cuarteles de vides de 50-80 años, plantadas con alta densidad, fermentarán en 21 cubas de madera francesa de 75hl. Luego bajarán por gravedad a las barricas nuevas de roble francés para su guarda en la sala de primer año cuyo techo tiene forma de cruz - recordando la constelación de la Cruz del Sur - para luego descender a las barricas de la sala de segundo año protegidas por una cúpula de delgadas láminas de raulí. En el quinto nivel se realizará el ensamblaje para luego bajar a la zona de embotellado y desde donde parte Clos Apalta para ser distribuidos en 40 países. Además, a través de una mesa en el centro de la sala de barricas de segundo año, cuya cubierta de vidrio se alza, se baja a la biblioteca de vinos donde se coleccionan muestras de todas las cosechas de Casa Lapostolle junto a los mejores vinos de otras bodegas chilenas.

Sus 4.600 metros cuadrados de edificación nacieron y se desarrollaron bajo el propósito de hacer una bodega 100% gravitacional, integrada como un todo al ambiente y aprovechando la climatización del subsuelo. Dos años fueron necesarios para completar su diseño final y dos años más para hacerlo realidad.

El lugar escogido fue en las más intrincadas laderas de Apalta, por sobre la cota de sus 140 hectáreas de viñedos; donde la inclinación no hacía posible ya más plantaciones. La gran sorpresa, un terreno con una roca madre impenetrable. Bernand Haller, el arquitecto de Amercanda que trabajó en Chile de la mano de Benavente y José Luis González, cuenta que después de cuatro meses de dinamitar el terreno extrajeron 50 toneladas de roca granítica del lugar para abrir paso a los cuatro niveles de construcción subterránea. Tan impresionante fue la roca madre con que se encontraron que hasta decidieron hacer cambios en el diseño original del edificio para poder verla cada día en toda su majestuosidad. Y fue debido a la concepción de proyecto como amigable con el ambiente y con el fin de evitar invadir lo menos posible el paisaje, que volvieron a tapar cuatro de los seis pisos. Además, pensando en ser amigables con el ambiente, devolvieron al cerro parte de la roca extraída al recubrir con láminas de roca sus suelos y escaleras. Algo que demuestra que fue un proyecto pensado con mucho detalle, y por sobre todo, pensando a muy largo plazo.

Sin contar la entrada principal, la bodega fue diseñada de tal manera que (de arriba hacia abajo) el piso uno sirve de patio de vendimia; allí se recibe la uva y realiza el despalillado o desgrane manual de las bayas de cada racimo. De allí, por gravedad, las uvas bajan hasta el nivel 2, donde 21 cubas de madera esperan para dar inicio a su fermentación. El vino nuevo, bajará desde allí hasta el nivel 3 donde le esperan las 400 barricas de roble francés que lo guardarán por su primer año. El nivel 4, entonces, recibe el vino para su segundo año de guarda (en otras 400 barricas). En el piso 5 se realiza el ensamblaje y en el sexto se guardarán las 50 cajas que cada año la bodega reserva para su vinoteca privada y también los vinos de los amigos. Cada piso fue diseñado para mostrar el vino con dignidad, sin dar cuenta de toda la maquinaria y tuberías que lo conducen de un nivel a otro y también escondiendo toda la más alta tecnología que hay detrás.

Lo único que se puede observar desde el exterior de la bodega es el gran ventanal del piso 2 y sus 24 vigas de raulí curvas que simbolizan los 24 meses de elaboración de Clos Apalta. Arriba del piso dos y con vista al valle, otro simbolismo: una escultura con cuatro piedras y un reloj de sol que indicarán el paso de las cuatro estaciones del ciclo vegetal de la vid.

El Clos Apalta, uno de los vinos más caros de Chile, no será la única atracción de lujo que tendrá la viña Casa Lapostolle. Se trata de una especie de refugio conformado por una casa de huéspedes y cuatro cabañas independientes de alto nivel que busca fortalecer la imagen de Casa Lapostolle.