AQUITANIA

En 1984, Bruno Prats y Paul Pontallier, conocidos agrónomos enólogos de la región de Burdeos, comienzan a buscar en Chile un Terroir de gran calidad para crear un viñedo original. Para ello se asocian con un amigo común, Felipe de Solminihac, agrónomo enólogo chileno de origen francés.

En 1990 adquieren 18 hectáreas en los alrededores de la ciudad de Santiago, al pie de la Cordillera de los Andes, en la Quebrada de Macul, en el corazón histórico del Valle del Maipo.
Las primeras plantaciones se hacen con cepas de origen bordelés, presentes en Chile desde fines del siglo XIX. La bodega de vinos termina de construirse en 1993.

En enero de 2002 Ghislain de Montgolfier, agrónomo enólogo de la región de Champagne y viejo amigo de los fundadores, se convierte en el cuarto socio o, como él dice recordando la novela de Alaxandre Dumas, el cuarto mosquetero.

Para los socios es esencial el suelo y el clima para producir vino de calidad. El Terroir escogido se caracteriza por un suelo pobre que permite que las raíces crezcan en profundidad y una zona climática de buena exposición solar con oscilación térmica importante sin alcanzar extremos, ausencia de lluvias en la época de madurez y cosecha de la uva, junto a la posibilidad de riego en el período de crecimiento.

Esta viña es productora de grandes vinos tintos y con un estilo muy francés, pero también produce “SOL de SOL”, un Chardonnay de alta calidad cuyas uvas provienen de Traiguén, el viñedo más austral de Chile, a 650 Km. al sur de Santiago, 38 grados latitud sur.

El objetivo de esta plantación fue buscar un clima más frío, pero con suficiente calor durante el período de maduración de la uva.
Las condiciones climáticas, la vendimia tardía a fines de abril, la vinificación y crianza en barricas de encina francesa dan a SOL de SOL un equilibrio poco común en Chile. El vino es aromático, mineral, largo y potente con un final agradable, fresco y muy complejo.